Lo que cuesta seguir a Jesús

Calculando el costo del discipulado
Calculando el costo del discipulado

Soy un fanático de los comerciales y las buenas campañas de mercadeo. Cuando niño, realmente creía que podría llegar a ser como Michael Jordan en el comercial de Gatorade. Lo mismo me llevaba a querer comprar zapatillas Nike. Durante la secundaria, usaba la colonia de Michael Jordan. Estaba un poco obsesionado con el deportista.

En 1994, Red Bull se puso en campaña para llevar sus bebidas a Londres. Otras bebidas energéticas ya estaban de moda, así que Red Bull entró en un mercado saturado y competitivo. ¿Cómo hicieron que se corriera la voz en cuanto a su producto? ¿Usaron carteleras, o impresos, o anuncios de radio y televisión?

No, decidieron usar tachos de basura.

El equipo publicitario llenó tachos de basura —especialmente en áreas de vida activa— con latas vacías y machacadas de Red Bull. También dejaron latas vacías afuera de los clubes. Esto despertó la curiosidad de la gente que compró el producto para saber de qué se trataba esto que todos estaban consumiendo.

Red Bull creó una ilusión de popularidad ¡y funcionó!

Haciendo que la gente hable de la iglesia

La iglesia también hace mercadeo, aunque no lo hace en una forma tan creativa o efectiva. Tratamos de crear cuchicheos acerca de nosotros, para que la gente nos visite:

¡Participe en nuestra caza de huevos de pascua, donde lanzaremos los huevos desde un helicóptero!

¡Venga al servicio de adoración en la pascua, y quédese para ver a un león real marcando la resurrección de Jesús!

¡Venga a nuestro lanzamiento del otoño y tenga la oportunidad de ganarse un auto nuevo!

Quizá usted recuerde al pastor de una mega iglesia que quería promover su nuevo libro que escribió con su esposa. Era un libro sobre la intimidad de la pareja. El anuncio decía que querían “devolver la cama a la iglesia y a Dios a la cama”. La pareja prometía pasar 24 horas en una cama sobre el techo de la iglesia. Claro que lo harían vestidos.

Este mismo pastor una vez predicó junto a un Ferrari porque “Dios me dio un Ferrari porque yo soy un Ferrari”. También manejó un Rolls Royce dentro del estrado de la iglesia unos meses antes.

¿Son estas tácticas engañosas? Claro que sí. También son vergonzosas.

Pero uno lo entiende. Se cree que para captar la atención de la gente para que vengan a la iglesia uno puede recurrir a todo que no sea vender el alma al diablo, quizá… Colocamos nuestra mejores ideas y mejores imágenes y mejor gente y mejor paso adelante para crear la idea o ilusión de que este lugar es definitivamente el lugar donde usted debe estar.

Mientras que nosotros presentamos una imagen que está más basada en algo más ideal que real, Jesús lleva la “verdad de la publicidad” al extremo.

El argumento de mercadeo de Jesús

Jesús dijo cosas como:

todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo.

Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo.

Jesús no endulza lo que dice

Jesús no usa la letra pequeña para esconder algo. Jesús nos lo dice todo en su “Acuerdo de Términos de Servicio” el acuerdo que nosotros no leemos sino que rápidamente pulsamos la opción “acepto” para seguir adelante con nuestras vidas.

Pero en los evangelios, Jesús muchas veces se detiene para decirnos lo que significa seguirlo. Nos dice que su última invitación es “vengan y pierdan su vida”. ¡Imaginen una iglesia con una declaración de mercadeo semejante!

El difícil desafío de seguir a Jesús

Las palabras difíciles de Jesús nos recuerdan que no siempre podemos tener todo lo que queramos y, no obstante, continuar siguiendo a Jesús fielmente. Sus palabras nos recuerdan que no podemos tan solo conocer a Jesús como sanador, salvador, redentor o amigo, mientras que al mismo tiempo ignoramos al Jesús que es maestro radical, profeta anticultural y Mesías indómito.

Ser un discípulo de Cristo es entregar nuestras vidas a la misión y visión de Cristo. La meta de un discípulo es ser como su Señor. Por tanto, todo lo que hacemos; todo lo que decimos; todo lo que pensamos debe ser filtrado a través de los lentes de Jesucristo. Ser discípulo de Cristo es ver como Jesús ve; amar como Jesús ama; hacer como Jesús hace.

Pero lo que nos ocurre a todos nosotros es que le pedimos a Jesús que tome el volante a la vez que nosotros nos convertimos en el conductor del asiento trasero tratando de decirle a Jesús cómo y a dónde ir.

Jesús sabe cuán difícil es vivir una vida que encarna el amor sacrificial. Esta es la razón de que Jesús es tan directo en cuanto al costo del discipulado. En Lucas 14: 25-33, Jesús declara que un buen constructor examina bien su presupuesto antes de empezar un proyecto. Dice también que un rey sabio primero examinará cuán bien entrenados están sus soldados y cuán grande es su ejército, antes de ir a la guerra. En suma, uno debe saber bien en qué se está metiendo, porque seguir a Jesús no es un pasatiempo; no es un compromiso a tiempo parcial. Es una forma de vida que requiere un compromiso por toda la vida que involucra rendición y sacrificio.

El costo del discipulado nos demanda reevaluar quiénes somos y qué hacemos. Nos fuerza a revalorar quién es nuestro prójimo y nos empuja a ampliar más nuestro círculo de inclusión.

El costo del discipulado es revisar nuestros compromisos y prioridades y reorganizarlos, para que todos nuestros compromisos y prioridades reflejen el camino de Jesús.

El costo del discipulado es darle una mirada a nuestras posesiones. Se trata de la urgencia de ver que no tenemos derecho a nada pero que se nos ha confiado todo.

El costo del discipulado es abandonar lo que impida nuestra fidelidad. Nos preguntamos: ¿Qué creencias, tradiciones, puntos de vista, ideologías, lealtad y relaciones tengo que abandonar para llegar a ser un discípulo fiel?

¿Qué estamos construyendo?

Richard Rohr afirma que siempre estamos construyendo dos reinos: el nuestro y el de Dios. Estos dos reinos pueden coexistir por un tiempo, pero la colisión entre estos dos reinos es siempre inevitable. Cuando los dos reinos colisionan, tenemos que decidir: ¿Cuál reino voy a promover, el mío o el de Dios?

El costo del discipulado siempre nos llama a ser constructores del reino de Dios a expensas del nuestro.

Como dice Rohr, como discípulos de Cristo no podemos orar “venga tu reino” sin a la vez orar “se vaya mi reino”.

Dejo a mis lectores con una oración de se dice viene de la Madre Teresa, cuando se refiere al costo del discipulado.

La gente es a menudo irrazonable y egocéntrica.

Perdónalos de todos modos.

Si eres amable, la gente podría acusarte de intenciones ulteriores.

Sé amable de todos modos.

Si eres honesto la gente puede engañarte.

Sé honesto de todos modos.

Si encuentras la felicidad, la gente podría envidiarte.

Sé feliz de todos modos.

El bien que hagas hoy, podrá ser olvidado mañana.

Haz el bien de todos modos.

Dale al mundo lo mejor aunque pueda que nunca sea lo suficiente.

Da lo mejor de todos modos.

Porque si te das cuenta, al final, es entre tú y Dios.

Nunca fue entre tú y los demás de todos modos.

Joseph Yoo se mudó de la costa oeste para vivir feliz en Houston, Texas, con su esposa e hijo. Sirve en Mosaic Church, Houston. Visite josephyoo.com

Comunicaciones Metodistas Unidas es una agencia de la Iglesia Metodista Unida

©2025 Comunicaciones Metodistas Unidas. Reservados todos los derechos